Eternamente Agradecida

Hay una persona que se merece un post completo. Creo que podría escribir sobre ella durante un mes, pero me limito a un post para tampoco saturarlas.

Desde el día que supe que iba a ser mamá y más cuando supe que eran dos, no dudé en pedirle a mi mamá con anticipación que planeara quedarse conmigo por lo menos un mes después de que las bebés nacieran. Al vivir lejos de mi familia, pensar en empezar este camino de la maternidad sin la mujer más importante de mi tribu cerca me apanicaba.  

Sabía que aunque ella me diría que si, eso implicaba pedirle que dejara su trabajo más de un mes y pedir esos días sin goce de sueldo. Significaba dejar a sus pacientes sin terapia, a mi papá sin esposa por un rato y a mi abuelo sin su mejor compañía.

También sabía los riesgos que existían al tenerla en mi casa más de un mes. A veces demasiada convivencia, sobretodo en el encierro, puede traer muchos roces. El tema del yerno y la suegra me preocupaba, porque aunque la relación entre ellos es muy buena, ésta convivencia intensa puede ser peligrosa no sólo por la cantidad de tiempo bajo el mismo techo, sino porque la dinámica familiar estaba por cambiar por completo con dos nuevas personitas en la casa y ninguno de nosotros sabía cómo íbamos a reaccionar.

Hoy que ya mi mamá se fue, les puedo decir que tenerla por seis semanas conmigo ha sido no solo la mejor decisión, sino una de las mejores experiencias que me ha regalado la vida. Se que viviendo en México jamás hubiéramos experimentado una convivencia tan intensa, así que estaré siempre agradecida por esta oportunidad.

Le agradezco infinitamente el cómo me cuido después de la cesárea, haciendo que mi recuperación fuera mucho mejor.  Gracias a ella pude realmente enfocarme en darle toda la atención a mis hijas. No digo que no hubiera podido sola, pero creo que sin ella me hubiera costado mucho más trabajo adaptarme al cambio. Ella hizo que el primer mes, que es el más difícil, retante y agotador no lo fuera tanto.  

En el encierro descubrí aún más cualidades en ella que nunca me imaginé. Una fuerza sorprendente, una energía que a sus cincuenta y tantos no sé de dónde saca y una habilidad con mis hijas que me impresionó. Ahora si que como dice la canción de Denisse de Kalafe “a ti mis respetos señora”.

Pero de todo, lo que más le agradezco es el amor infinito que le dio a mis hijas cada uno de los días que pudo estar con ellas. Como me dijo un día “es un privilegio estar con ellas cada día de su primer mes de vida y darles un poco de mi”. El privilegio fue definitivamente mío.

Hoy quiero a mi mama más que nunca y no me cansaré de decirle a mis hijas lo afortunadas que son de tener por abuela al mejor ser humano sobre la faz de la tierra (al menos para mi). Y aunque no la podamos ver todos los días como me gustaría, y eso si que es difícil de la distancia, está siempre presente.

Gracias infinitas mamá.

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