¿Forzarlos o no a dar besos?

En qué momento los adultos nos sentimos con el derecho de abrazar y besar a los niños, y mucho más a niños que estamos conociendo por primera vez, creyendo que porque son niños podemos hacer las cosas sin considerarles o preguntarles antes.

A nosotros los adultos nadie nos obliga a dar besos y abrazar a las personas que no nos generan confianza, que no queremos o no conocemos, así que creo que nuestros hijos merecen exactamente el mismo respeto.

Habrá quien diga que forzarlos o hacerlos dar un beso o un abrazo es educarlos, con lo cual difiero. Educarlos es enseñarles a respetar a los demás, a saludar diciendo hola, buenas tardes, o buenos días, a ser cordiales sin necesidad de demostrarlo con nada más que una palabra y sobre todo a enseñarles desde muy pequeños que ellos son los dueños absolutos de su cuerpo.

Enseñarles que está completamente bien no dejarse abrazar o besar por alguien, así sea por mi o por su papá, y mucho menos por un completo extraño que están conociendo por primera vez.

Este respeto se aprende desde la infancia, y se los enseñamos nosotros como adultos con el ejemplo. Así que empecemos por respetarlos en todo momento.

¿Qué si podemos hacer?

Como papás podemos enseñarles que la demostración de las emociones, el afecto, o el lenguaje del amor no sólo es físico, sino que hay varias maneras de expresarlo, como bien lo dice Gary Chapman en su libro Los Cinco Lenguajes del Amor.

A una de mis hijas por ejemplo le encantan las palabras de afirmación, así que muchas veces en lugar de darle un beso le decimos secretos al oído diciéndole lo felices que somos de ser sus papás, lo orgullosos que estamos de ella y lo mucho que la amamos.

A la otra le gusta mucho más el contacto físico, le encantan los besos, abrazos y apapachos. Y cuando se deja abrazar y besar por alguien es porque ella quiere. Cada una tiene su forma de dar y recibir amor, y una forma no es mejor que la otra, solo diferente.

Una de ellas no es más «educada» por querer abrazar, mientras la otra dice «hola» de lejos y prefiere observar.

Podré ser exagerada pero la infancia de mis hijas si es una burbuja de amor, de respeto, de luz y de magia que quiero que se mantenga así el mayor tiempo posible. Y me parece crucial que desde muy pequeñas aprendan sobre sus preferencias y límites, que sepan tomar decisiones, especialmente sobre su cuerpo. Es de ellas y de nadie, absolutamente nadie más.

Así que cuando mis hijas no les quieran dar un beso, sepan que las estoy educando muy bien.

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