Escuchar el nombre de tu bebé

La elección del nombre de nuestra bebé fue completamente diferente a como escogimos el de María y Jimena.

El de ellas, con una increíble historia detrás (que tengo en otro post en el blog https://mamaundiaalavez.com/?p=141), los definimos al 100% hasta la semana 32 o 33. Con ella ni siquiera tuvimos que pensarlo, o hacer una lista de favoritos y escoger. Simplemente nos lo dio, nosotros creímos y todo fluyó.

Quizás para muchos esta idea suena un poco loca o mucho, pero llevo unos años en mayor sintonía con mi parte espiritual, y esto me hace creer fielmente en las señales que Dios y el Universo nos mandan.

Nuestros bebés son los verdaderos protagonistas, así que por qué no preguntarles qué nombre quieren, al final son ellos los que van a tener que vivir con él toda la vida.

Cómo podemos hacerlo

Ellos pueden comunicarse con nosotros de muchas maneras, si lo pensamos, jamás vamos a estar tan conectadas a nuestros hijos, como durante el embarazo, pues dejamos de ser una, para ser dos en cuerpo y alma.

Nuestros bebés se pueden comunicar a través de sueños, de señales que tenemos que estar abiertos a escuchar o a través de meditaciones intencionadas.

La primera señal que nos dio esta bebé y que me enchina la piel, fue a través de una de sus hermanas. En ese momento ellas ni siquiera sabían que estaba embarazada pues llevaba 7 u 8 semanas y me quería esperar a la 12 para darles la noticia; mucho menos sabíamos el sexo.

Jimena decía que había una bebecita en mi panza, que era niña y que era su hermanita Juliana.  Mi esposo y yo no podíamos creer la sensibilidad de nuestra hija, su forma de estar conectada de una manera tan especial.

Para enchinarles más la piel, ella fue la que me dijo que estaba embarazada. Un domingo, al dar gracias en su cama, me dio un beso y me dijo “una almita bajó a tu panza”. Se me hizo un nudo en la garganta, y no dije nada, pero al día siguiente lo confirmé cuando me hice la prueba de embarazo que salió positiva.

Cuando confirmamos el sexo del bebé en la semana 19 y supimos que era niña, los dos nos abrazamos y solo dijimos “ES JULIANA”. Jamás habíamos pensado en ese nombre, pero a los dos nos encantó, nos hizo click instantáneo, y nos gustó mucho su significado: “mujer de raíces fuertes”.

Yo de todos modos seguía un poco necia, en que ella directamente me tenía que decir. En el fondo durante mis meditaciones yo sentía que ella me decía que qué otra señal necesitaba. Pero como me conoce bien, me mandó una señal que fue providencial.

Me fui de viaje con mi esposo a España, y yo tenía demasiada ilusión de cumplir uno de los sueños de mi papá, que murió hace dos años. Conocer el pueblo de dónde venían sus antepasados, sus raíces.

Con muchos sentimientos encontrados llegamos a Santillana del Mar. La vibra del lugar me parecía mágica, una pequeña ciudad medieval sacada de un cuento de hadas. Nos sentamos en la plaza frente a la iglesia a tomar un café y buscamos en Internet el significado de Santillana. Mi papá siempre me contaba que era la ciudad de las tres mentiras, porque no es Santa, ni llana, ni tiene mar. Y para nuestra sorpresa, descubrimos que Santillana es una contracción de Santa Juliana. El nombre se hizo famoso por una santa que es venerada en Santillana del Mar, y justo en la iglesia frente a nosotros estaban sus restos.

Ninguno de los dos lo podíamos creer. Las señales existen y la magia también. Si ya me gustaba el nombre, ese día tomó un significado mucho más especial, Juliana será siempre la conexión con mi papá, con sus raíces fuertes.

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