Lo mejor siempre serás tu

No hay discusión en que el mejor alimento para nuestros bebés es la leche materna. No sólo porque lo dice la OMS, sino porque la composición de este mágico líquido, realmente contiene absolutamente todo lo que nuestros bebés necesitan. Pensar que podemos mantenerlos con vida exclusivamente de nuestra leche durante 6 meses es magia pura.

La leche materna es un líquido con vida propia, cambia de composición a medida que el bebé va creciendo, incluso hay estudios que dicen que la leche varía según el sexo del bebé, teniendo más calcio y menos grasa la que alimenta a una niña.

Nuestra leche les brinda anticuerpos cuando se enferman, les reduce la posibilidad de contraer algunas enfermedades e incluso es medicina para nosotras mismas.

Dicho esto, y aunque sepamos que la leche materna es el mejor alimento para nuestros bebés, NO significa que dar fórmula sea quererlo menos, no querer lo mejor para el o ella, o no dar lo mejor de ti para ese bebé.

Quien crea que el comienzo de una buena maternidad, es sinónimo de una lactancia exitosa, está muy equivocado.

Esto se los digo, porque aunque con Juliana después de mucho esfuerzo, grietas, sangre, mastitis, dolor, llanto, frustración y desvelos, he tenido una lactancia maravillosa, con mis gemelas María y Jimena fue lo opuesto.

Yo soy mamá PRO boobie, chichi, teta, titi, senos, lolas, o de tantas formas como le decimos. Soy sobre todo pro lactancia, pero también fui mamá de lactancia mixta por casi cuatro meses, y después de puro biberón y fórmula.

Creo que nunca en mi vida había estado tan obsesionada con la lactancia como con Maria y Jimena. Mi comienzo fue desastroso. Me desangré, casi veo a mis hijas crecer desde otra dimensión, y sólo pude darles pecho durante su primera hora de vida, porque las siguientes 48 horas los doctores se dedicaron a mi, a lograr contraer mi útero, parar el sangrado, a realizar transfusiones. La lactancia pasó a un último plano esos dos días, porque ni siquiera me pude extraer, así que esto marco la diferencia de mi lactancia con ellas.

Con todo y esto, logré darles mi oro liquido, logré conectar con ellas, disfrutar del milagro de alimentar a dos seres humanos a la vez, pero desde el inicio tuve que combinar mi leche con la fórmula. Y a pesar de todo el esfuerzo, sólo lo logré por un corto tiempo. Al principio me sentí una perdedora, no suficiente. Cómo si la naturaleza tan perfecta me hubiera fallado.

Cuando hice la paz con la fórmula y el biberón dejé de escuchar hablar al ego de otras mujeres que satanizaban a la fórmula. Empecé a escuchar a mujeres que realmente hacen tribu, que no juzgan, que te voltean a ver con el alma y el corazón. Ahí fue cuando realmente entendí que lo mejor era yo, no una boobie o un biberón.

Porque aunque es maravilloso lo que le estoy dando a Juliana, a ellas también les di lo mejor, todo mi ser, mi amor, mi tiempo, mis brazos, mi todo. Por supuesto que es mágico y hasta cósmico dar el pecho, pero no es la única forma de demostrar y sentir amor o generar vínculo.

Y amo estar rodeadas de mujeres que luchan a capa y espada por la lactancia. Quiero ser una vía de comunicación para otras mujeres que están a punto de tirar la toalla, decirles que si se puede, que todo pasa, que se disfruta, que es muy corto. Que cada historia es única. Quiero informar e inspirar. Pero sobretodo siempre voy a respetar.

Cuando me preguntan cuánto tiempo más le pienso dar a mi bebé, mi respuesta es, lo que ella y yo queramos. Y sinceramente no sé si eso sea un día más o dos años. Lo que sé es que ha sido un camino de un día a la vez.

Y me siento igual de orgullosa de la mamá que he sido con María y Jimena. Y espero que al terminar de leer esto, sea cual sea la decisión que tomaste, sepas que siempre lo mejor para tu bebé vas a ser tu.

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