Infancia libre de tecnología

Llevo 17 meses luchando para que la tecnología no sea parte de la vida de mis hijas; y no lo hago ni para que los demás me aplaudan, me critiquen o me entiendan. Lo hago única y exclusivamente por ellas.

La reacción que generalmente recibo por parte de la gente más cercana a mi es de apoyo absoluto (es difícil que tus papás te cuiden a tus hijas y pedirles que las entretengan únicamente con sus juguetes, cuentos, música y un poco de creatividad), pero más de una vez me ha tocado gente que me tacha de poco balanceada (como si al no proporcionarle a mis hijas con un Ipad y televisión les estuviera robando una parte fundamental de su niñez).

No digo para nada que no haya programas educativos e interactivos maravillosos y aplicaciones que sean la salvación de muchas mamás. Es más, hay muchísimas mamás que me parecen maravillosas que usaron la tecnología en los primeros años de sus bebés, y sus hijos son espectaculares.

Tampoco digo que mis hijas van a estar aisladas de las caricaturas y programas didácticos por el resto de su niñez, pero nadie más que mi esposo y yo somos los responsables de lo que queremos que experimenten mis hijas en sus primeros años y nosotros decidimos, nadie más.

La tecnología la van a tener por el resto de sus vidas muchas horas al día, y si el haberles robado la experiencia de no utilizarla durante sus primeros años de vida evita que sean las próximas programadoras de Microsoft, la verdad no me importa.

Simplemente, así como hay mamás que deciden dar pecho por dos años o más, yo decidí que los primeros dos años de mis hijas fueran libres de tecnología. La excepción es el uso de FaceTime para enseñárselas a sus abuelos y tíos, que con la distancia, no puedo robarles el placer de verlas crecer al menos a través de una pantalla (suena tristísimo pero así es esto de vivir lejos de la familia).

Me faltan todavía siete meses para que cumplan dos años y mi boca se puede hacer chicharrón, pero ya he tenido varias pruebas superadas:

  1. Vuelos de más de cuatro horas y largas esperas en el aeropuerto
  2. El lluvioso clima de Seattle (la ciudad donde vivimos) que te obliga muchos días del año a no salir de tu casa y ser extremadamente creativa
  3. Las mañanas después de una buena desvelada
  4. Los berrinches que empiezan a ser parte de la vida diaria

Si me preguntan qué diferencias veo entre mis hijas y los niños de su edad que si están expuestos a la tecnología, les contesto que ninguna. Por suerte ya tengo suficiente con enfocarme en ellas dos, como para compararlas con los demás.

Lo que si sé es que amo ver la emoción que cualquier cosa les genera. Y si el no ponerles la tele tiene algo que ver con el éxtasis que les causan los momentos más insignificantes, entonces ya valió para mi toda la pena.

 

Foto por Jelleke Vanooteghem en Unsplash

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